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Testimonios

“Volver a mirar”: La historia de doña María Florinda Martínez

“Ya miro todo el horizonte… estoy emocionada y eso era lo que quería: volver a mirar.”
Así resume doña María Florinda Martínez, con lágrimas de gratitud en los ojos, el momento en que volvió a ver después de cinco años de oscuridad.

A sus 67 años, doña María vivía completamente ciega debido a cataratas en ambos ojos. Dependía de sus hijas para todo, desde caminar dentro de su propia casa hasta que le dieran la comida en la boca. Regar sus flores, barrer el patio o simplemente salir a la puerta, eran cosas que habían quedado en el pasado. Pero nunca perdió la fe.

Con la esperanza intacta y tomada de la mano de una de sus hijas, viajó más de tres horas desde su comunidad hasta el Centro Oftalmológico Robles, en Santa Rosa de Copán, donde funciona el Programa Social de Oftalmología. Su sueño era recuperar la vista, aunque fuera en uno de sus ojos.

“Cuando miraba todavía, podía hacer muchas cosas, ahora preciso hasta que me den la comida en la boca”, contó doña María con voz pausada y mirada triste, pero con el corazón lleno de esperanza.Una cirugía segura

A las 12:00 del mediodía inició su evaluación. A la 1:00 p.m., ingresó al quirófano. La cirugía, que dura apenas entre 10 y 15 minutos, fue realizada con tecnología de facoemulsificación, una técnica que utiliza ultrasonido para eliminar el cristalino opaco y sustituirlo por una lente intraocular. El procedimiento fue un éxito.

Veinte minutos después de su recuperación, el Dr. Robles la revisó. A eso de las 3:00 p.m., doña María Florinda pudo ver nuevamente con uno de sus ojos.

Con emoción y aún sorprendida, caminó sola por primera vez en años, se asomó a la puerta del centro oftalmológico y miró hacia el horizonte. “Vi los árboles, conocí el rostro del doctor… Me afligía (la cirugía), pero se me cumplió ese sueño”, dijo con la voz entrecortada por la emoción.

Hoy, doña María ha recuperado no solo su visión, sino también su independencia y alegría.Ayúdenos a devolver la luz a más personas como doña María

Su donación al Programa de Oftalmología puede cambiar vidas en tan solo 15 minutos.

Con su apoyo, más personas en comunidades rurales de Honduras podrán acceder a cirugías de cataratas y recuperar la vista, la esperanza y su dignidad.

Done hoy y sea parte de este milagro: https://donar.camo.org/producto/oftalmologia/

Done con tarjeta: https://linkdepagos.bancodeoccidente.hn/#/link-pago/mwynbb

Testimonials

A Second Chance at Sight: María’s Journey from Darkness to Light

“I can see the whole horizon again… I’m excited, and that’s exactly what I wanted: to be able to see again.”

That’s how María Florinda Martínez, with tears of gratitude in her eyes, summarizes the moment she regained her sight after five years of darkness.

At 67 years old, María was completely blind due to cataracts in both eyes. She depended on her daughters for everything—from walking inside her own home to being fed by hand. Watering her flowers, sweeping the patio, or simply stepping out to the doorway were things of the past. But she never lost faith.

With hope intact and holding one of her daughters’ hands, she traveled over three hours from her community to the Robles Ophthalmology Center in Santa Rosa de Copán, where the Social Ophthalmology Program operates. Her dream was to recover her sight, even if it was just in one eye.

“When I could still see, I was able to do so many things. Now, I need help even to be fed,” said María in a soft voice, her gaze sorrowful but her heart full of hope.A Safe Surgery

At 12:00 noon, her evaluation began. By 1:00 p.m., she was in the operating room. The surgery, which lasts only about 10 to 15 minutes, was performed using phacoemulsification technology—a technique that uses ultrasound to break up the cloudy lens and replace it with an intraocular lens. The procedure was a success.

Just twenty minutes after recovery, Dr. Robles examined her. Around 3:00 p.m., María Florinda was able to see again with one of her eyes.

Filled with emotion and still in disbelief, she walked on her own for the first time in years, stepped out to the door of the ophthalmology center, and looked toward the horizon. “I saw the trees, I recognized the doctor’s face… I was nervous about the surgery, but that dream came true,” she said, her voice trembling with emotion.

Today, María has regained not only her vision, but also her independence and joy.

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